Ahora va avanzando, adentrándose cada vez más en el inframundo de su propia nada,
el lugar de su interior que coincide con todo lo que ella no es.
el lugar de su interior que coincide con todo lo que ella no es.
Sobre su cabeza el cielo es gris, azul o blanco, a veces amarillo o rojo, en ocasiones púrpura.
Bajo sus pies la tierra es verde o parda. Su cuerpo se yergue en la confluencia del cielo y la tierra,
y es suyo y de nadie más. Sus pensamientos le pertenecen. Sus deseos, también.
Encallada en el reino del uno, invoca el dos...
el tres, el cuatro y el cinco. A veces el seis.
En ocasiones incluso el sesenta.
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