Impotencia
Cada pensamiento es impotencia. No he impedido nada, por consiguiente, no he hecho nada.
Las cosas llegan como llegan, como si yo no existiera. Ni siquiera puedo reprocharme haber sido demasiado lento. Pues hiciera lo que hiciera, y por muy rápido que hubiera sido, nada habría llegado de otro modo.
¿Dónde radica mi culpa? En que soy un hombre como cualquiera, y eso parece ser la quintaesencia de toda culpa. ¡Qué maldito consuelo!
Nunca he tenido tan intensamente la sensación de no pertenecer a ningún sitio.
