Paula, que a veces era la reina leona y a veces era un cronopio de corte clásico, una mañana de domingo me dijo que adoraba a los seres madrugadores.
Otro domingo, en esas mañanas en las que solíamos encontrarnos mientras la ciudad entera parecía dormir, me contó que nunca preguntaba a las personas que conocía en qué trabajaban, prefería saber en qué ocupaban su tiempo libre, para ella era más significativo.
Un lunes, o quizás fuese miércoles, incluso puede que fuese domingo, me dijo una frase que para ella era un mandamiento:
La música nos salvará el culo

